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Compartimos una excelente nota de la Revista Frontera

Analía Crivello es periodista y tiene 34 años. En 2003 sufrió un accidente de tránsito cuando salía de trabajar que le provocó un TEC grave.




Entre las secuelas que le quedaron la más importante es la afasia de expresión. Analía estuvo internada en la Clínica ALCLA trabajando en su Rehabilitación desde el 21 de diciembre de 2003 hasta el 26 de marzo del 2004. Luego continuó con sus terapias, pero en hospital de día hasta finales del año 2007. Aún continúa con trabajo en terapia de Fonoaudiología. Junto a Pierre, Lucas y otros jóvenes fundó la agrupación Ultreya para divulgar en qué consiste esta discapacidad y ayudar a otros en igual situación.

Para mayor información: http://www.grupoultreya.com.ar

 

Daño Cerebral Adquirido

“¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Para qué?”, se preguntó Lucas durante mucho tiempo. Los que sufrimos un Daño Cerebral Adquirido –una “discapacidad invisible”– nos hacemos, igual que Lucas, los mismos planteos. Nuestras vidas cambiaron definitivamente en un segundo. Por Analía Crivello  

 

Pero, ¿qué es el DCA y qué consecuencias trae?

El Daño Cerebral Adquirido (DCA) es una lesión repentina producida en un área del cerebro por diferentes causas: accidentes cerebrovasculares (ACV), tumores cerebrales, algunas enfermedades (encefalitis, meningitis), anoxia (falta de oxígeno por intoxicación por monóxido de carbo- no, infarto, etc.) y traumatismos encefalocraneanos (TEC): golpes en la cabeza y, cada vez más, accidentes de tránsito.

En nuestro país ocurre un ACV cada 4 minutos –dos casos por hora son fatales– que están íntimamente ligados a la hipertensión. Por otro lado los últimos datos señalan que en la Argentina mueren más de 9.000 personas por TEC cada año y hay unos 100.000 lesionados, de los cuales el 3% quedará con secuelas graves.+

El DCA abarca muchos más aspectos que sólo lo mera- mente médico –hemiplejia, hemiparesia, convulsiones, hemianopsia (trastorno del campo visual), trastornos auditivos, etc.– o los trastornos cognitivos –especialmente en la expresión oral, la lectura, la escritura, dificultades de concentración y atención, trastornos de la memoria, difi- cultades en el cálculo, en el manejo del dinero, desorienta- ción temporo-espacial, confusión derecha/izquierda-. Sino que repercute también en lo emocional, familiar, social y laboral.

Las personas conservan su nivel intelectual pero ahora dejaron de ser autónomas e independientes y pasaron a depender de otros casi todo –o todo– el tiempo, por lo menos en las primeras etapas.

¿Qué ocurre cuando el DCA sucede en plena juventud? ¿Qué cambia a esa edad?

Lucas Castro ahora tiene 31 años y tuvo un ACV cuando tenía 24. “Estaba en una quinta en la pileta haciendo pirámides humanas y sufrí un ACV al realizar una flexión brusca del cuello”, cuenta. “Estuve 15 días internado en terapia intensiva, 7 de ellos en coma farmacológico. Al despertar del coma me encontré con otra realidad, tenía una hemiplejia izquierda, no podía mover de ninguna ma- nera ni el brazo ni la pierna. Después pasé a una clínica de rehabilitación donde estuve 5 meses hasta poder deambu- lar con bastón. Tuve una recuperación buena. Actualmente tengo una hemiparesia izquierda y sigo con kinesiología”.

Cuando la persona logra conectar otra vez con la realidad es común la presencia de sentimientos negativos, como la depresión y el enojo. Para la familia y los amigos, que conforman el grupo de contención, también es un gran impacto emocional. Pasado el shock de las primeras etapas, surgen diferentes reacciones: los que niegan la realidad, los que no pueden enfrentarla, los que se alejan porque ya no comparten los mismos espacios. Y también están los que acompañan y apoyan, pero es un golpe duro también para ellos.

Pierre Chauvin tuvo un accidente de auto 10 años atrás en Francia, cuando tenía 23 años, y como consecuencia tiene problemas de equilibrio y de memoria. “Hasta ese momento estaba teniendo una trayectoria común a mis amigos”, dice.

“Mi prima Dolores, los primeros tiempos que yo estaba en silla de ruedas y apenas podía dar unos pasos y ha- blaba muy poco, sintió impotencia por no poder cambiar esa situación y mucho dolor”, señala. Su tía Carmen nos cuenta: “Me costó mucho aceptar que no iba a ser el Pierre de antes. Pero ahora me planteo no por qué te pasó sino para qué te ocurrió…”, concluye. Ahora Pierre, mucho más recuperado, tiene una pasan- tía, estudia teatro y practica natación.

Marita, amiga de Lucas, relata: “Al inicio del accidente lo viví expectante, con cierta confusión por no entender qué le había pasado. Con los chicos hablábamos siempre de sus avances”. Su prima Verónica cuenta: “Tengo guardada una notita que nos hizo a todos los que estuvimos cerca, pidiendo que vivamos la vida, que no nos hagamos proble- ma por pavadas… Yo en más de una ocasión hablo de esa nota y repito esas palabras”.

Es, para todos, un volver a empezar. Como dice Lucas: “Ahora estoy en otra etapa que es mucho más productiva que lamentarme. Hace 10 meses que conseguí trabajo por COPIDIS (Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad, en la Ciudad de Buenos Aires) y de vuelta estoy viviendo solo. ¿Qué más puedo pedir?”. • Analía Crivello es periodista y tiene 34 años. En 2003 sufrió un accidente de tránsito cuando salía de trabajar que le provocó un TEC grave. Entre las secuelas que le quedaron la más importante es la afasia de expresión. Sigue con rehabilitación. Junto a Pierre, Lucas y otros jóvenes fundó la agrupación Ultreya para divulgar en qué consiste esta discapacidad y ayudar a otros en igual situación.

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